Mules on the Trail

Aventura Havasupai

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La aldea India de Supai es uno de los lugares más aislados en el suroeste de América. Para llegar ahí, tuvimos que dejar la carretera interestatal y seguir la vieja Ruta 66 por más de 50 millas hacia el pueblo de Peach Springs en la Reservación India Hualapai. Esta pequeña aldea soñolienta tiene una estación de gasolina, una oficina de correos, un mercado de comida y un alojamiento y restaurante sorprendentemente moderno, el Hualapai River Lodge.
Almuerzo en el barranco
Almuerzo en el barranco

La carretera termina en Hualapai Hilltop

Desde Peach Springs, condujimos setenta y cinco millas al norte en una carretera India desolada hacia Hualapai Hilltop. La carretera se terminó en una cornisa desolada que colgaba a 1500 pies sobre el vasto cañón. Había algunas vertientes dilapidadas, un corral con una docena de mulas y un pequeño trailer blanco al borde de un estacionamiento grande. Desde aquí, un camino angosto bajaba por la cara del barranco y cruzaba el suelo del cañón el cual entraba a un pequeño barranco. De bajada en nuestra excursión, nos encontramos al tren de mulas trayendo la correspondencia diaria fuera del Cañón. El camino seguía una ensenada seca dentro del barranco por seis millas. Caminamos sobre arena suave y grava floja rodeada de elevadas paredes de piedra arenisca roja y rosada hasta que alcanzamos las aguas cristalinas del Río Supai. Al pie de un puente peatonal de madera que cruzaba un arroyo, nos despojamos de nuestros paquetes y descansamos mojando nuestros pies cansados en el agua fresca.

Una encantadora doncella India montaba de subida por el camino en una hermosa yegua castaña y juguetonamente nos dijo, "ya casi están ahí". Escuchamos el sonido de los golpes de sus pesuñas haciendo eco en las paredes del cañón mucho después de que ella desapareciera encima del camino.
Aldea Supai
Aldea Supai

Las hermanas gemelas cuidan Supai

Pronto divisamos a las "hermanas gemelas", dos pilares delgados de rocas de piedra caliza delicadamente balanceadas silenciosamente cuidando la aldea de Supai. Cada casita en la pequeña aldea estaba rodeada por un corral con uno o más potros. Las calles eran angostos carriles arenosos entre los cercos de los corrales. Los niños de la aldea hacían carreras con sus potros por los carriles mientras sus padres observaban. Paramos en la tienda general para tomar unos refrescos y para una vez más descansar nuestros pies cansados.

Caminamos dos millas más de bajada al cañón, pasando las extraordinariamente hermosas Cascadas Havasu de camino al campamento. Instalamos nuestra carpa al lado del burbujeante Rió Supai en donde cada piscina de piedra caliza es de un brillante color azul turquesa. Paredes rosadas de piedra caliza se levantaban a 500 pies en cada lado. Dos perros de la aldea durmieron al pie de nuestra carpa y nos protegieron durante la noche.
Cascadas Havasu
Cascadas Havasu

Cascadas exquisitamente hermosas

A la mañana siguiente, seguimos el Rió Supai de bajada al cañón y pronto alcanzamos la sima de las Cascadas de Mooney. En este punto, el camino bajando el escarpe estaba extremadamente empinado. Pasamos por túneles en las rocas y descendimos con agarraderas de pies por la cara del barranco mientras nos agarrábamos de cadenas mojadas y resbalosas. Desde el fondo, el panorama era espectacular. Una nube blanca de agua se hundía en la brillante piscina azul a 150 pies. Los circundantes acantilados estaban extrañamente moldeados en esculturas de piedra caliza y decoradas con musgos y helechos de un verde brillante.

A medida que continuábamos bajando el cañón, este camino escénico se tornaba más difícil y cansado. En las partes más estrechas, estuvimos forzados a escalar las paredes del cañón y navegar a lo largo de angostas y engañosas cornisas. Cruzamos por las frías aguas del Supai muchas veces. Pequeños árboles de mezquita, cactus, viñedos y flores, crecían en abundancia en el suelo del cañón. Las paredes rosadas se elevaban a 1000 pies y más alrededor de nosotros. Caminamos solitariamente por tres horas, dimos la vuelta antes de llegar al Río Colorado al fondo del Gran Cañón.
River Crossing
River Crossing

La tierra que el tiempo se olvidó

Regresamos a la aldea de Supai por la tarde. Un grupo de Indios hombres y niños estaban reunidos en la plazoleta central mirando al helicóptero traer provisiones y nuevos turistas. No hay carros, camiones o buses en este cañón. Todo entra por mula o helicóptero. En este valle mágico se siente como en un lugar que el tiempo se olvidó, y esta aldea tranquila parase un refugio de los cuidados de la civilización moderna. Desafortunadamente, los helicópteros y los turistas están constantemente exponiéndola a los excesos del mundo exterior. Me temo que este valle pacífico no va a permanecer intocado por mucho tiempo.

Fuimos al único comedor de la aldea, el Supai Snack Bar, y vorazmente consumimos calurosas comidas de hamburguesas, chili y tacos de pan frito. Esa noche dormimos en el Supai Lodge. Nuestro cuarto espacioso estaba equipado con electricidad y plomería interna. No tenía televisión, radio, teléfono o agua caliente. Nos levantamos antes del amanecer y bajamos nuestras bolsas pesadas a la entrada para que las mulas lo transporten. Decidimos viajar sin mucho peso únicamente con nuestras botellas de agua y un poco de comida. Uno de los perros de la aldea nos acompañó.

Los trenes de mulas nos alcanzaron

Estaba tan tranquilo excursionar en ese hermoso barranco con solo el sonido de nuestras botas para disturbar este esplendor geológico. El sol de la mañana empezó a calentar la cima de los barrancos mientras caminábamos por las sombras oscuras del fondo del cañón. No vimos a otra persona por mas de tres horas hasta que finalmente nos encontramos con dos muchachos alemanes que iban de bajada a la aldea. Después, empezamos a escuchar el ruido de los cascos mientras el primer tren de mulas que llevaban el correo diario del pueblo nos alcanzó.
Cascadas Mooney
Cascadas Mooney

Después de ocho horas de caminata suave, escalar la pared del cañón de 1500 pies fue una formidable tarea. Nos hacíamos al lado y abrazábamos la pared de roca cada vez que un grupo de mulas nos pasaba. Los jinetes indios en sus bonitos caballos movían sus cabezas o tocaban el borde de sus sombreros saludando mientras montaban silenciosamente. Logramos llegar a la cima momentos antes del medio día.

De regreso a la civilización

Hualapai hilltop era un escenario de gran actividad. Cerca de 100 mulas estaban atadas a la larga riel del remolque. Un tractor-trailer desmontaba numerosas fundas de alimento de caballo. Una pequeña montaña de productos enlatados, productos frescos y otras provisiones estaban apiladas en el medio del estacionamiento. Los conductores estaban ocupados cargando cajas, cajones y sacos en sus mulas.

Recogimos nuestros bolsos enfrente del pequeño trailer, nos subimos en nuestro auto y nos dirigimos nuevamente a la civilización. Siempre recordaremos cariñosamente nuestra pequeña visita al hermoso y desolado valle que el tiempo se olvido. Espero que la pequeña y tranquila aldea de Supai permanezca intocada por el mundo exterior por un poco más de tiempo.

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Escrito por: Mike Leco

Traducido por: Maite Moscoso



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